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En la columna anterior les compartía mis temores -quizá exagerados, me dicen- acerca del ascenso de la ultraderecha en el mundo occidental. Después de todo, temer la llegada de otro Hitler u otro Mussolini podría ser hiperbólico; los populismos de derecha al estilo Donald Trump o Norbert Hoffer tienen más probabilidades de convertir a sus naciones en repúblicas bananeras que en dictaduras fascistas; más que campos de concentración y guerras mundiales, de ellos podemos esperar formas de gobernar estrafalarias e ineptas, que sólo agudicen los problemas sociales que de por sí ya tenemos.

Britain first! exclamó Thomas Mair antes de apuñalar y balear a la parlamentaria Jo Cox, en plena calle, a mitad del día. La consigna es lema del UKIP (United Kingdom Independence Party) y del movimiento antiinmigración que apoya la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Jo Cox era una figura señera entre los políticos a favor de la permanencia. ¡Muerte a los traidores! exclamó Mair cuando ya estaba bajo el poder de las autoridades. 

 

La historia es bien conocida: en octubre de 1962 un avión espía americano descubrió en Cuba misiles nucleares soviéticos que apuntaban hacia los Estados Unidos. Durante 13 días de enorme tensión, en los que Estados Unidos y la Unión Soviética medio negociaban y medio buscaban intimidarse el uno al otro, el mundo estuvo más cerca que nunca de vivir el estallido de una guerra nuclear.

Desde hace unos pocos años, en las redes sociales los mexicanos preocupados por temas educativos han manifestado una fascinación por el sistema educativo de Finlandia, el país europeo que ha obtenido los resultados más altos en la prueba internacional PISA. Creo que todo empezó con la aparición de sendos artículos en ABC y Animal Político, y la información al respecto (no siempre acertada) ha recirculado constantemente al respecto desde entonces.

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